Acostumbrados a los escombros

Nehemías 3:10 Asimismo restauró junto a ellos, y frente a su casa, Jedaías hijo de Harumaf; y junto a él restauró Hatús hijo de Hasabnías.

Ya hacía como 100 años que el pueblo judío había regresado del exilio y comenzado a poblar la amada ciudad de Jerusalén. Pero cuando Nehemías llegó se encontró una devastadora sorpresa. No sólo no habían restaurado sino que los escombros ya formaban parte de su paisaje diario y en la misma puerta de su casa. Había un diseño de cómo deben de ser las cosas y cada día contaba para quitar lo que estorba y empezar a poner las cosas en el lugar que el original marcaba. Pero por diferentes excusas de las cuales te puedes imagina,  pues en ello somos expertos, combatían cada día para que las cosas estuvieran igual. No tengo tiempo, es muy difícil, lleva mucho tiempo así, otros si lo podrían hacer pero conmigo es diferente, ya lo intenté pero no funciona, es verdad que no debería ser así pero al fin y al cabo se puede convivir con ello y así las que quieras imaginar pero en el fondo lo que ocurre que el precio del cambio tiene un sufrimiento implícito y no estamos dispuestos a pagarlo. No sé cuáles son los escombros que no deberían estar en la puerta de tu vida todavía y con los cuales te has acostumbrado a entrar y salir y formar parte de tu paisaje, pecados, falta de pasión por Dios y su santidad, palabras necias, relaciones no restauradas, decisiones de servicio en la obra del Señor que todavía no se han tomado, pereza, negligencia, obediencia no completa a padres o personas en autoridad sobre nosotros, falta de generosidad, cosas que no son conforme al diseño bíblico en nosotros, en nuestros hogares y en nuestras comunidades de creyentes. Te ánimo en el día de hoy a tomar la iniciativa como Nehemías y convertirte en un enemigo de tus excusas para empezar a poner los escombros en el lugar que le corresponden y edificar conforme al modelo bíblico en tu vida y alrededor de tu puerta.
Di como Nehemias «levantémonos y edifiquemos»

Un abrazo a tod@s
Fran Cegarra

Zona roja I

Buenos días y buena semana.

Mateo 26:41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

La santificación es un proceso que Dios hace en nosotros, pero que requiere colaboración activa y firmeza de voluntad para que vaya siendo llevada a cabo en nuestra vida. Cuando nacemos de nuevo, descubrimos que somos libres para elegir el pecado o desecharlo. Jesús nos habló que debemos con esa libertad que se nos ha sido dada, guardarnos de la zona de tentación. Esa zona que la llamaremos Roja. Son esas áreas dónde en momentos dados nos sentimos débiles y vulnerables y dónde según Jesús en nuestras fuerzas no podremos resistir la tentación. La palabra que usa para debilidad es”asthenes”, que significa sin fuerzas o débil. Todos tenemos zonas rojas donde debemos depender de Dios velando y orando, para no manchar esas vestiduras limpias y nuevas que se nos han sido dadas en Cristo. Considero que este es un tema importante que conviene recordarlo y en los siguientes devocionales iremos hablando algunas estrategias que nos ayudarán a reforzar nuestro espíritu para no entrar en tentación y salir victorioso de la zona roja. Te animo a resolver en tu corazón un deseo por santidad pues quién sigue la santidad verá al Señor. Y no hay mayor bien para nuestra vida que conocerle y ver su rostro.

Un abrazo a tod@s.
Fran Cegarra

Las promesas de Dios

Buenos días y buena semana.

2º de Corintios 7:1 Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

Después de haber usado esta escritura en la semana de ayuno y oración y habiendo escuchado este domingo en base a ésta también, me siento animado a dar una última pincelada acerca del deseo de Dios de que vivamos en santidad. ¿Porque Dios anhela que vivamos esa vida santa? Dios es santo y es imposible que El cambie, su amor por nosotros lo lleva a declarar culpable a Cristo e inocente a nosotros en la obra de la Cruz para otorgarnos la santidad que Cristo vivió y que nosotros no hemos podido vivir. Por lo que ahora nuestra posición vuelve a ser la de Santos delante de El. Nuestro deber ahora es seguir esa santidad pues en esa frecuencia es donde podemos tener conexión sin interferencias con Dios y Su Espíritu. La falta de ella distancia a Dios de nosotros porque El es Santo. Así que lo que descubro es que a mayor santidad, mayor realidad de Dios en mi vida y por tanto mayor gozo, paz y cumplir de sus promesas, cosas que nunca he recibido de aquello que mi carne desea y me mancha y aleja de Dios. Así que roguemos al Espíritu Santo que nos ayude a perfeccionar ese regalo de ser hechos Santos, sabiendo que sus ojos están puestos siempre sobre nosotros.

Un abrazo a tod@s.
Fran